Nueva Suecia, la desconocida y diminuta colonia que ayudó al nacimiento de EE.UU. hace 250 años

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- Autor, Eliot Stein
- Título del autor, BBC Travel
- Fecha de publicación
- Tiempo de lectura: 12 min
El viejo ascensor, de 125 años, se detuvo con un resoplido en algún punto sobre el perfil urbano de Filadelfia. Cuando la puerta se abrió con un chirrido, me encontré dentro de la torre del reloj del edificio municipal más alto de Estados Unidos, contemplando desde una plataforma de observación a 152 metros de altura lo que se conoce como "la cuna de América".
Desde esa atalaya acristalada, pude distinguir la City Tavern, la taberna donde los Padres Fundadores planearon la Revolución estadounidense. Un poco más al oeste, vi el Carpenters' Hall, el edificio donde las colonias se unieron contra los británicos en el Primer Congreso Continental.
Cerca de allí estaba el Independence Hall, donde se firmó la Constitución de Estados Unidos en 1787.
Entrecerrando los ojos, seguí en la distancia una hilera de banderas estadounidenses a lo largo de Market Street, en dirección al río Delaware y a Nueva Jersey.
—Entonces, ¿todo lo que veo desde aquí formó parte en su día de… Suecia? —pregunté a nuestro guía.
—Creo que sí —respondió, con cierta duda—. Aunque es la primera vez que alguien me pregunta por eso.

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Si preguntas a la mayoría de los estadounidenses, dirán que Estados Unidos tiene su origen en Filadelfia el 4 de julio de 1776, cuando los Padres Fundadores firmaron la Declaración de Independencia.
No es casualidad que la ciudad sea esta semana el epicentro de las celebraciones del 250º aniversario del país, y que se espere la llegada de hasta 1,5 millones de personas para lo que será el mayor festival del 4 de Julio.
Pero lo más probable es que casi ninguno de los asistentes sepa que el origen político e ideológico de Estados Unidos formó parte en su día de una pequeña y poco conocida colonia sueca llamada Nya Sverige (Nueva Suecia). De hecho, muy pocos estadounidenses —y también muy pocos suecos— tienen idea de que existió una colonia sueca en América.
Entre 1638 y 1655, este asentamiento olvidado se extendió por el valle del Delaware e incluía zonas de los actuales estados de Nueva Jersey, Pensilvania, Delaware y Maryland.
Además de ser la colonia europea más pequeña, menos poblada y de vida más corta en territorio estadounidense, también fue una de las más discretas.
"Comenzó casi como una colonia secreta", explica Deborah-Jean Hoffman, miembro del consejo del Centro Nueva Suecia, una institución dedicada a difundir la historia colonial del valle del Delaware.
"Los suecos no clavaban banderas como los franceses o los españoles. La idea era crear una colonia que pasara desapercibida y que los neerlandeses no detectaran", agrega.

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A pesar de haber durado solo 17 años, Nueva Suecia desempeñó un papel clave en la formación de la cultura que tendría el país.
Los colonos suecos introdujeron uno de los elementos más emblemáticos de la frontera estadounidense: la cabaña de troncos. También llevaron el cristianismo luterano al Nuevo Mundo, protagonizaron uno de los primeros levantamientos civiles en las colonias y dejaron su huella en dos futuras ciudades de Estados Unidos.
Y, como estaba descubriendo, aún quedan rastros de este antiguo asentamiento sueco repartidos por el valle del Delaware… si se sabe dónde buscar.
Una colonia encubierta construida sobre la venganza
Hacia 1637, las potencias europeas ya se habían repartido gran parte de la costa atlántica de lo que hoy es Estados Unidos cuando Peter Minuit, antiguo gobernador de Nueva Holanda y descontento con su situación, se dirigió a la Corona sueca.
Minuit había adquirido en su día la isla de Manhattan para los neerlandeses y había pasado años explorando la región del Atlántico medio en busca de un lugar donde establecer la colonia. Pero, tras su abrupto cese en 1632, buscó vengarse de sus antiguos empleadores.
"Para desquitarse de los neerlandeses, Minuit fue a Suecia y básicamente les dijo: soo la única gran potencia europea sin colonia y están perdiendo el comercio de pieles de castor y de tabaco. Yo sé dónde pueden empezar una", explica Hoffman.

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Con mapa en mano, Minuit mostró a las autoridades suecas que entre la reclamación inglesa sobre Virginia y Nueva Holanda existía una vasta zona sin ocupar por los europeos.
Sabía que, aunque los neerlandeses reclamaban todo el río Delaware, en realidad solo habían adquirido una orilla —en su frontera sur— a los indígenas lenape. También sabía que estaban mucho más centrados en defender Nueva Ámsterdam (la actual Manhattan) que el valle del Delaware.
En diciembre de 1637, Minuit zarpó de Gotemburgo al mando de dos barcos con 25 colonos dispuestos a asentarse y abrirse paso discretamente en el lucrativo monopolio comercial que los neerlandeses mantenían con las naciones indígenas.
Tras cuatro meses de travesía, echaron el ancla en silencio en un estrecho y sinuoso afluente del río Delaware, en la actual Wilmington, con la esperanza de pasar desapercibidos en esta apartada ubicación.
Pero había un problema: "Los neerlandeses se enteraron casi de inmediato", explica el historiador Russell Shorto. "Desde el principio consideraron que los suecos ocupaban su territorio ilegalmente, pero Minuit sabía que no tenían suficientes hombres para expulsarlos, así que los ignoró."
Poco después de desembarcar en marzo de 1638, Minuit compró a cinco tribus indígenas un tramo de unos 108 kilómetros de la ribera del Delaware, y los colonos levantaron una fortaleza a la que llamaron Fuerte Cristina, en honor a la reina Cristina de Suecia, de 12 años.
Fue el primer asentamiento europeo permanente en el valle del Delaware y la primera estructura europea permanente en lo que más tarde sería el primer estado de Estados Unidos.

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Un motín y una "nación sueca"
Apenas cinco meses después de fundar Nueva Suecia, Minuit murió ahogado en un huracán en el Caribe mientras buscaba tabaco para hacer rentable la nueva colonia. Sin recursos y con hambre, los 25 colonos que dejó atrás probablemente no habrían sobrevivido al invierno sin la ayuda de sus vecinos indígenas.
"Los suecos recibieron mucha ayuda de los pueblos originarios. Sabían que, si se llevaban bien, no solo podían comerciar, sino también sobrevivir", explica Hoffman.
"A diferencia de los neerlandeses y los ingleses, los suecos entendían y respetaban a las tribus nativas. Cerca del 80% de los colonos eran en realidad 'finlandeses del bosque', ya que Finlandia formaba parte de Suecia en ese momento, y tenían un profundo conocimiento de cómo vivir de la tierra".
La colonia apenas pasó de ser un asentamiento pequeño y remoto hasta 1643, cuando se nombró gobernador a Johan Printz, un hombre de gran corpulencia que medía alrededor de 2,13 metros y pesaba más de 180 kilos. Apodado "Gran Barriga" por los lenape, Printz tenía una presencia imponente y se propuso consolidar la presencia sueca en América.
Durante la década siguiente, Printz construyó dos nuevas fortificaciones a lo largo del río Delaware (Fuerte Elfsborg y Fuerte Nuevo Gotemburgo); amplió la colonia desde el actual condado de Cecil, en Maryland, hasta Trenton, en Nueva Jersey; y estableció una nueva capital al sur de Filadelfia, en la isla de Tinicum, todo ello mientras ordenaba mantener relaciones pacíficas con las tribus indígenas.

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A pesar de su expansión territorial, Nueva Suecia nunca se convirtió en el negocio rentable que se había planteado por dos razones principales: estuvo crónicamente despoblada y desatendida.
La colonia nunca superó los 400 habitantes y entre 1648 y 1654 la Corona sueca no envió ni un solo barco de suministros. El interés por emigrar era tan bajo que el Imperio sueco recurrió a enviar pequeños delincuentes y desertores militares como forma de castigo.
Con la colonia prácticamente abandonada por el gobierno sueco, Printz gobernó con mano dura para evitar que sus escasos colonos desertaran. En 1653, cuando una cuarta parte de la población masculina firmó una petición acusándolo de abusar de su poder, él lo calificó de "motín", aunque finalmente dimitió, lo que marcó una de las primeras protestas políticas exitosas en la historia colonial de Estados Unidos.
En 1655, el temperamental gobernador de Nueva Holanda, Peter Stuyvesant, perdió la paciencia con los colonos suecos y envió por el Delaware siete barcos armados.
Superados en número, los suecos se rindieron sin disparar un solo tiro, lo que puso fin a la soberanía sueca en América. Nueva Suecia fue absorbida poco después por Nueva Holanda, aunque Stuyvesant permitió que siguiera existiendo como una "nación sueca", en la que los colonos podían elegir su propio gobierno, formar su propia milicia y conservar sus tierras.
Cuando William Penn llegó a Filadelfia en 1682, tras fundar la colonia inglesa de Pensilvania que lleva su nombre, encontró a granjeros suecos y finlandeses conviviendo con los lenape.
"Por eso, en la cima del Ayuntamiento de Filadelfia, justo debajo de la estatua de William Penn, hay cuatro figuras: dos son lenape y dos son suecas", explica Hoffman. "¿Las has visto?".
Yo no las había visto. De hecho, a pesar de haber crecido cerca del antiguo territorio de Nueva Suecia, nunca había visto ni escuchado nada sobre ella. Así que decidí emprender un viaje por carretera para descubrirla por mí mismo.

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Nueva Suecia hoy
"Las primeras tres cabañas de troncos construidas en América se levantaron aquí mismo", afirma Herb Conner, principal intérprete del parque Fuerte Cristina, en Wilmington (Delaware), donde antaño se alzó la primera fortaleza sueca.
Mientras caminábamos por un sendero arbolado hacia el lugar original de desembarco de los colonos, conocido como Las Rocas, Conner explicó que ni siquiera cuando era niño en Wilmington le hablaron en la escuela sobre el pasado sueco de la región.
Más tarde descubrió que Nueva Suecia fue la única colonia europea en América que nunca entró en guerra con los pueblos indígenas.
"Una de las lecciones más importantes que nos dejó es la importancia de convivir en paz con los vecinos", señaló. "Hoy podríamos aprender mucho de ellos."
A poca distancia del parque, una réplica de 43 metros de altura de un barco del siglo XVII, el Kalmar Nyckel, se balancea sobre el río y ofrece recorridos guiados.
Este navío mercante de tres mástiles a veces recibe el nombre de "el Mayflower sueco", en referencia al barco en el que llegaron a lo que hoy es Estados Unidos colonos puritanos ingleses en 1620, pero mientras navegábamos por el renovado barrio ribereño de Wilmington, la capitana Lauren Morgens explicó por qué ese apodo no resulta del todo apropiado.

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"El Mayflower apenas logró cruzar el Atlántico una vez", explicó. "El Kalmar Nyckel realizó cuatro travesías de ida y vuelta con colonos suecos y finlandeses". Durante el recorrido de 90 minutos, los visitantes pueden colaborar en izar las velas, asomarse al camarote del capitán y observar los reducidos espacios donde dormían los colonos.
También reciben una introducción a la historia de Nueva Suecia.
De regreso en tierra, recorrí tres plantas dedicadas a esa historia en el cercano Copeland Maritime Center and Museum.
Dentro de una cabaña de troncos reconstruida, descubrí que fueron en realidad los "finlandeses del bosque" quienes introdujeron este tipo de vivienda tan característico, que después adoptaron muchas familias pioneras, incluido el futuro presidente Abraham Lincoln.
Tras un breve trayecto por Swedes Landing Road, llegué a la iglesia conocida como Old Swedes' Church. Construida en 1698, tiene el mérito de ser a la vez la primera iglesia luterana del Nuevo Mundo y la más antigua de Estados Unidos que sigue en uso en su forma original.
Mientras caminábamos por un cementerio hacia el edificio de ladrillo colonial, la directora de comunicación, Betsy Christopher, me indicó el terreno que teníamos bajo los pies.
"Este cementerio data de 1638 y aquí descansan muchos de los colonos suecos y finlandeses originales de Fuerte Cristina", explicó. Christopher añadió que, casi 400 años después, muchos de sus descendientes siguen llenando los bancos cada diciembre para la celebración navideña de Santa Lucia, cuando el templo se ilumina con velas.

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Apenas 48 kilómetros separan Wilmington de Filadelfia. Mientras avanzaba hacia el norte por la autopista I‑95, vi señales que indicaban el parque Governor Printz, en el municipio de Tinicum, donde en su día se alzaron Fuerte Nuevo Gotemburgo y la última capital de Nueva Suecia.
Hoy, una granja sueca reconstruida, los cimientos de la residencia de Printz y una estatua a tamaño real del propio "Big Belly" se reparten a lo largo de la ribera de siete acres. Pero, siguiendo el consejo de Hoffman, tenía una cita en lo alto del Ayuntamiento que no podía perderme, así que seguí mi camino.
Al igual que los restos de Nueva Suecia, las dos figuras de bronce de colonos suecos que se alzan sobre Filadelfia pasan fácilmente desapercibidas si no se sabe dónde buscar. Pero allí están, en el lado sur de la torre, mirando hacia el río que los trajo hasta allí y vigilando la ciudad que creció a partir de sus granjas.
"¿Sabías que fue un descendiente de Nueva Suecia quien emitió aquí en Pensilvania el voto decisivo a favor de la Declaración de Independencia y de la separación de Gran Bretaña?", explicó Tracey Beck, directora ejecutiva, mientras me guiaba al día siguiente por el Museo de Historia Sueco-Americana de Filadelfia.
La amplia mansión, con doce galerías, situada en el FDR Park del sur de Filadelfia, recorre casi 400 años de influencia sueca y finlandesa en Estados Unidos, comenzando con los primeros colonos de la zona.
Y aunque su objetivo es dar a conocer a los estadounidenses esta colonia poco conocida, a menudo resulta igual de reveladora para los propios suecos.

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"Esta es una parte perdida de nuestra historia", dijo Allan Elfström, un inmigrante sueco en la zona, mientras observaba una cronología de Nueva Suecia. "Cuando hablo de todo esto con muchos de mis colegas suecos, se quedan desconcertados".
Tras recorrer las salas del museo, me uní a unas 300 personas que con coronas de flores, vestidos vaporosos y trajes tradicionales "folkdräkt" asistían al festival anual Midsommarfest en el exterior. Mientras corría la cerveza Carlsberg y probaba pasteles de sándwich smörgåstårta" y sorbete de arándano rojo, acabé siguiendo a un violinista hasta un gran mátil adornado con banderas suecas.
"Esto es como nuestro 4 de Julio", dijo la persona a mi lado, al tomarme de la mano. Mientras girábamos en círculo, cantando canciones suecas bajo una cruz nórdica, alcé la vista hacia el perfil de Filadelfia a lo lejos y recordé algo que Beck me había dicho antes.
"Resulta fascinante preguntarse qué habría pasado. Existió otra colonia europea de la que nunca nos hablaron y que una vez estuvo aquí. ¿Cómo sería este país hoy si hubiera sobrevivido?".

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