Retrato en primer plano de Nelson Torrealba, quien lleva una gorra de béisbol blanca y morada y una camisa gris, sentado frente a una pared cubierta de carteles de personas desaparecidas. Al fondo se aprecian varios carteles con fotografías y texto en español, lo que crea una composición de estilo documental con múltiples planos.

“Cuando me giré ya no quedaba nada”: el edificio lleno de familias que colapsó en segundos por los terremotos en Venezuela

Nelson Torrealba se despidió rápidamente de su esposa y sus dos hijos, a quienes avisó de que volvería pronto, antes de subirse a su coche el pasado miércoles para ir a comprar provisiones.

Eran alrededor de las seis de la tarde cuando salió del Ritasol Palace, el complejo de apartamentos de lujo frente al mar en la región de La Guaira, en el norte de Venezuela. De repente, sintió una fuerte ráfaga de viento que entró por las ventanillas abiertas del vehículo, justo antes de que la tierra se sacudiera violentamente bajo él.

El guardia de seguridad del edificio le gritó que saliera del vehículo. Ya en el suelo, escuchó un enorme estruendo a sus espaldas.

"Había una nube de polvo amarilla muy densa; tan espesa que no se veía nada", recuerda.

Cuando el polvo comenzó a asentarse, miró hacia donde apenas unos instantes antes se alzaba su edificio. No quedaba nada más que una montaña irregular de escombros. "En el tiempo que tardé en darme la vuelta, ya no quedaba nada", dice.

Primer plano de un letrero sobre un muro de piedra que muestra las palabras "RITASOL PALACE" en grandes letras negras. Follaje verde y flores rosadas ocupan el primer plano, ocultando parcialmente la parte inferior del letrero, mientras la luz del sol resalta la textura de la piedra y el diseño paisajístico.

Nelson vivía en un apartamento de la séptima planta del Ritasol Palace con su esposa Dallenyi y sus dos hijos: Samuel, de 14 años, y Matías, de 10. Era el único hogar que los niños habían conocido.

"Era el paraíso: comodidad, seguridad… Un sábado aquí significaba partidos de fútbol en la cancha con los niños, bicicletas, piscina y playa", comenta.

Un collage de cuatro fotografías que muestra las instalaciones y las vistas asociadas al edificio Ritasol Palace. Las imágenes incluyen una pista deportiva al aire libre con montañas de fondo, un edificio de apartamentos de varias plantas junto a una calle bordeada de palmeras, una vista elevada de una piscina con vistas a una carretera costera y al mar, y una sala de estar con una hamaca situada frente a grandes ventanales orientados hacia el océano.

Pero quizá lo que Nelson más valoraba era el tiempo que la familia pasaba dentro de su apartamento.

Si tenía un mal día, llegaba a casa y pedía un abrazo a Matías para ayudarle a "recargar energías".

Selfie frente al espejo tomada en un baño revestido de azulejos, que muestra a Samuel Torrealba vistiendo una camisa negra de manga larga y sosteniendo un teléfono inteligente frente a un espejo de pared. En una de sus muñecas se aprecian un reloj inteligente y varias pulseras. La imagen parece ser una captura de pantalla de una publicación en redes sociales; en el lado derecho se observan iconos de la interfaz: un corazón que indica 120 "me gusta" y un globo de texto que señala "40" comentarios.
El hijo adolescente, Samuel, era "serio y amable", según Nelson.
Dallenyi, la esposa de Nelson, está junto a Matías frente a una decoración de cumpleaños con temática de Naruto, una serie de manga. El fondo presenta grandes ilustraciones de personajes de Naruto, enmarcadas por arcos de globos naranjas y negros. Sobre una mesa decorada se encuentra un pastel temático, y a un lado hay estanterías llenas de recuerdos de fiesta inspirados en la serie. Matías lleva una camiseta con un estampado de Naruto, y ambos posan frente a una alfombra que muestra la palabra "Naruto".
Dallenyi era "la mejor mamá" para Samuel y Matías, de 10 años, dice Nelson.

"Él decía: 'Vamos, papá', me abrazaba y preguntaba: '¿Qué porcentaje de batería has recargado?'. Yo respondía: 'Todavía necesito más'. Él decía: 'Tienes un 90%' y luego añadía: 'Papá, ya está. Ahora tienes el 100%'".

"Era un consuelo increíble", afirma.

"Podía llegar de la calle con muchos problemas, pero al ver las caras de mis hijos, me reiniciaba", agrega, antes de romper a llorar en silencio.

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Vea el video: Nelson describe a sus hijos desaparecidos. "Estábamos criando a los hombres del futuro. No pudimos terminar..."

Venezuela es una zona propensa a los terremotos, pero los residentes que sobrevivieron aseguran que nunca se habían sentido inseguros en el Ritasol Palace. Algunos lo describen como un refugio.

El edificio de 11 plantas albergaba apartamentos y alojamientos vacacionales, con vistas al mar por un lado y la montaña por el otro.

Contaba con una gran piscina rodeada de palmeras y con vistas al mar, además de una cancha de baloncesto. Había cafeterías y bares en las cercanías, así como filas de tumbonas en la playa, situada justo al otro lado de la carretera.

Vista aérea de una zona urbana frente a la playa, con aguas turquesa en primer plano y una hilera de edificios de mediana y gran altura a lo largo de la costa. Una etiqueta con el nombre "Ritasol Palace" señala uno de los edificios de apartamentos situados frente al mar. Unas montañas verdes se alzan abruptamente detrás de la ciudad bajo un cielo parcialmente nublado.

Esta comunidad de clase media se encuentra a 45 minutos en coche de Caracas, la capital de Venezuela, adonde algunos residentes se desplazaban para trabajar.

Vista aérea de una zona urbana frente a la playa, con aguas turquesa en primer plano y una hilera de edificios de mediana y gran altura a lo largo de la costa. Una etiqueta con el nombre "Ritasol Palace" señala uno de los edificios de apartamentos situados frente al mar. Unas montañas verdes se alzan abruptamente detrás de la ciudad bajo un cielo parcialmente nublado.

El miércoles pasado el edificio quedó reducido a escombros casi al instante -al igual que muchos otros en La Guaira- tras producirse dos fuertes terremotos.

Mapa gráfico del norte de Venezuela que muestra la intensidad registrada del movimiento sísmico mediante una escala de colores que va desde el rosa claro (sacudida leve) hasta el rojo oscuro (sacudida intensa). En la parte superior aparece un mapa de localización de Venezuela, mientras que el mapa principal destaca la región costera en diversos tonos de rojo. Unas etiquetas señalan el "Ritasol Palace", cerca de la costa caribeña, y "Caracas", más hacia el interior, indicando la ubicación del complejo residencial en relación con la zona afectada.

"No se derrumbó poco a poco; no dio tiempo a nadie para correr o esconderse", comenta Nelson mientras contempla las ruinas.

El agua de la piscina está ahora ennegrecida y llena de muebles y escombros.

Una piscina al aire libre en Ritasol Palace, llena de agua turbia y escombros, se encuentra rodeada de graves daños. Muebles rotos, cascotes, estructuras metálicas, baldosas y materiales de construcción yacen esparcidos por la zona de la piscina y apilados a un lado. Las palmeras y la vegetación tropical permanecen en pie alrededor del área de la piscina, mientras que al fondo se divisan edificios, postes de servicios y una carretera bajo un cielo luminoso y parcialmente nublado.

Entre los restos yacen vestigios de las vidas que alguna vez transcurrieron en aquellos apartamentos: rostros sonrientes en un marco de madera, sábanas con estampados florales y un par de botas de goma infantiles.

Primer plano de un par de coloridas botas de lluvia para niños, con suelas rosas y un estampado multicolor de motivos animales, que yacen entre escombros y cascotes. Ladrillos rotos, trozos de hormigón, tiras metálicas, cables eléctricos y fragmentos de materiales de construcción rodean las botas, poniendo de relieve la destrucción en el interior de una estructura dañada.
Primer plano de escombros del terremoto esparcidos sobre una superficie de hormigón fracturada. Un zapato negro tipo Crocs se encuentra entre fotografías enmarcadas, certificados impresos e imágenes sueltas que yacen sobre los escombros. Al fondo, se ven varias personas cerca de una estructura dañada y plantas, mientras que los escombros cubiertos de polvo y las pertenencias personales están esparcidos por toda la escena.

Los residentes que sobrevivieron afirman que las labores oficiales de búsqueda concluyeron el sábado cuando, tras rescatar con vida a un niño de 11 años, se declaró que ya no quedaban señales de vida.

Los equipos de rescate pintaron la fecha en una pared junto con otros datos, como el único superviviente hallado en el lugar y los 22 cuerpos que, según las estimaciones, permanecían bajo los escombros.

Muro de hormigón del Ritasol Palace marcado con notas de inspección y flechas pintadas con aerosol de color naranja brillante, incluidas las etiquetas ""E-2"", ""K-1"", ""D-22"" y una fecha. Un par de zapatos negros y una botella de agua descansan sobre el muro. Detrás del muro se ve parcialmente a una persona con gorra y mascarilla frente a un edificio revestido de piedra. En primer plano, pequeños fragmentos de escombros y una botella de plástico desechada yacen en el suelo.

No obstante, los vecinos siguen congregándose en torno a lo que fue su hogar, tratando de comprender lo ocurrido en la comunidad y de localizar a quienes aún permanecen desaparecidos.


Tras producirse los terremotos, Nelson corrió hacia los escombros gritando los nombres de su esposa y sus hijos.

"No hubo respuesta. Todo era muy confuso. Había silencio, pero luego mucho ruido: ambulancias, alarmas de vehículos... Era demasiado", relata.

Empezó a oír las voces de vecinos que, aunque atrapados, seguían con vida y le respondían. Pero, en aquel instante, solo podía pensar en su esposa y sus hijos.

Entre los vecinos atrapados bajo los escombros se encontraba Angélica Mundarain.

Retrato de Angélica Mundarain de pie en primer plano, en un lugar donde se realizan labores de recuperación tras un desastre. Detrás de ella, una retroexcavadora amarilla está estacionada cerca de un edificio gravemente dañado, con hormigón derrumbado y escombros. Una cinta de precaución amarilla y negra cruza la escena, mientras un trabajador con casco azul permanece entre los escombros. Muros de piedra, vegetación y edificios parcialmente intactos rodean la zona bajo una intensa luz diurna.
"Tengo fe, tengo fe, tengo fe"
Angélica Mundarain

Angélica Mundarain estaba en su apartamento del segundo piso recostada en la cama de la habitación de sus hijos, quedándose dormida mientras veía un drama coreano en YouTube, cuando su hijo mayor gritó que el edificio estaba temblando.

De repente, la fuerza del terremoto los lanzó a ella y a su hijo fuera del edificio.

"Creo que ni siquiera llegué a ponerme de pie; ya estaba fuera del edificio. Caí por un hueco. Mi hijo también", cuenta.

Mientras yacían entre los escombros, escucharon una voz desesperada que se acercaba. Su hijo la reconoció: era la de Nelson.

Angélica era tía de la esposa de Nelson. Ambas familias vivían en el Ritasol Palace, eran muy cercanas y solían reunirse en sus respectivos apartamentos.

"Cuando Nelson llegó hasta donde estábamos, le pregunté: '¿Dallenyi y los niños? ¿Matías? ¿Samuel?'".

Nelson le contó lo sucedido mientras la sacaba de entre los escombros.

Angélica comprendió poco a poco, con gran desconsuelo, que su hijo menor, Héctor, de 15 años, también había quedado sepultado bajo los escombros, justo debajo de ella.

Él estaba haciendo la tarea en la habitación de ella antes de que ocurrieran los terremotos y le había pedido que saliera para poder escuchar música.

"Le dije: 'Eres tremendo, ¿sabes? ¿Me vas a echar de mi propia habitación?'", recuerda Angélica con una sonrisa triste.

"Es futbolista, atleta, muy carismático", añade con orgullo. "Tengo fe, tengo fe, tengo fe" en que sigue vivo, repite.

Primer plano de un aviso pegado a un poste que muestra una fotografía parcial de Héctor Mundarain con uniforme escolar azul y gorra. Un letrero escrito a mano con marcador rosa sobre la foto incluye el texto "Info familiar" y "Piso 7". En el poste hay adheridas otras fotografías recortadas y etiquetas impresas. El fondo aparece desenfocado y muestra un espacio al aire libre con personas y vehículos a lo lejos.
El hijo de Angélica Mundarain, Héctor
Colección de carteles de personas desaparecidas adheridos con cinta a una ventana con rejas metálicas, situada sobre un muro de piedra. Los carteles muestran fotografías, nombres y números de contacto, con texto visible en español que incluye frases como "SE BUSCAN" y "RESPONDE AL NOMBRE DE DANEO". Entre los avisos hay fotografías de menor tamaño, lo que crea una exhibición abarrotada de peticiones de información sobre varias personas desaparecidas.
Carteles de personas desaparecidas colocados en el Ritasol Palace.


Ahora hay carteles de personas desaparecidas pegados en farolas y muros alrededor del Ritasol Palace, con las caras y nombres de quienes se cree que aún permanecen sepultados bajo los escombros.

En una hoja de papel, escrita con letras rosas, figuran los datos de la familia de Nelson, junto a una fotografía antigua de su esposa y su hijo menor.

"Es madre de pies a cabeza; súper dedicada", dice Nelson sobre su esposa. "Podía llegar cansada del trabajo, pero las arepitas siempre estaban listas para el desayuno, nunca faltaba el almuerzo y la ropa siempre estaba limpia", cuenta.

Primer plano de una fotografía pegada a un poste de servicios públicos, que muestra a Dallenyi y Matías posando frente a un decorado de fiesta de cumpleaños con temática de Naruto y adornos naranjas y negros. Junto a la fotografía hay un aviso escrito a mano con rotulador rosa que contiene texto parcial en español, incluyendo las palabras "Info" y "Piso". El fondo aparece desenfocado y muestra una escena junto a una carretera con palmeras, vehículos y personas a lo lejos bajo una luz diurna intensa.
Dallenyi y Matías en un cartel de persona desaparecida

Cuando la BBC visitó el edificio el domingo, un flujo constante de residentes y vecinos acudía a observar los escombros y los carteles, y a consolarse mutuamente.

Alvin Duarte se secaba las lágrimas mientras miraba con incredulidad una foto de la familia de su prima. "Están ahí", dijo, señalando el montón de escombros bajo una unidad de aire acondicionado destrozada. "Vivían en el octavo piso".

Desde la noche del terremoto, Alvin ha visitado el Ritasol Palace a la misma hora todos los días.

A veces se acerca a los escombros y grita los nombres de sus seres queridos desaparecidos, con la esperanza de que alguno siga vivo y pueda oír que él sigue allí, buscándolos.

"Me siento impotente al no poder hacer nada... Quisiera levantar las piedras y entrar a buscar a mis familiares", lamenta entre lágrimas.

Fotografía impresa adherida con cinta a una superficie, entre varios carteles de personas desaparecidas. La imagen muestra a cuatro personas sentadas alrededor de una mesa en una cafetería o zona de comidas; al fondo se aprecian mostradores, sillas y clientes. Sobre la imagen hay una etiqueta de papel con los nombres "Edgardo Sosa", "Samuel Sosa", "Sofia Sosa" y "Dellymar Brito". En los bordes de la composición se ven parcialmente otros carteles con fotografías y nombres.
Los familiares de Alvin en un panel con fotos de otras personas desaparecidas.

La BBC habló con las familias de más de una docena de personas que, según se cree, siguen sepultadas en el Ritasol Palace.

Por el momento se han registrado oficialmente más de 2.500 muertes en Venezuela desde que los terremotos azotaron el país hace una semana, pero se espera que la cifra final sea mucho mayor. Se ha reportado la desaparición de decenas de miles de personas, y la ONU ha anunciado que está gestionando el envío de 10.000 bolsas para cadáveres al país.

Zona de piscina dañada, rodeada de palmeras y vegetación tropical. Hay escombros, mobiliario roto y restos de obra dispersos alrededor de la piscina, y se aprecia una estructura parcialmente derrumbada en el lado izquierdo de la imagen. Dos personas con cascos de seguridad caminan junto a la piscina, mientras otras permanecen al fondo, cerca de un cenador o glorieta. Más allá del complejo de la piscina se divisan un edificio bajo de hormigón y postes de tendido eléctrico.

Esta semana, en el Ritasol Palace, reinaba la indignación por la suspensión de las labores oficiales de búsqueda. Una mujer llegó a gritarle a un rescatista que pasaba por allí, suplicándole ayuda.

Los residentes que sobrevivieron y los familiares de quienes quedaron atrapados bajo el edificio reclaman que necesitan recuperar los cuerpos para poder llorar a sus seres queridos. Algunos aún mantienen la esperanza de que hayan sobrevivido de milagro.

Para el lunes, los residentes habían conseguido maquinaria pesada y la estaban utilizando ellos mismos para empezar a retirar los escombros.

En paralelo, continuaban las labores para examinar distintas partes del edificio, retirando los restos pieza por pieza.

Una persona que viste camisa amarilla, mascarilla, gafas protectoras y guantes de trabajo está de pie en medio de un gran montón de escombros, tirando de una cuerda sujeta a una estructura de hormigón dañada. Ladrillos rotos, fragmentos de hormigón y desechos domésticos cubren el suelo alrededor del lugar. Una camioneta negra está estacionada al fondo, cerca de edificios dañados; más allá de la escena del desastre se aprecian montañas verdes y nubes bajas.
Un residente busca a familiares desaparecidos entre los escombros del edificio de apartamentos derrumbado, utilizando una cuerda para acceder a zonas inestables después de que se suspendiera la búsqueda oficial.

Nelson es uno de los que buscan por su cuenta a sus familiares. Sus padres, preocupados y presentes todos los días en el Ritasol Palace, lo observan.

"Es como un robot", dice su madre, con preocupación y lágrimas en los ojos.

Retrato en primer plano de Nelson Torrealba, quien lleva una gorra de béisbol blanca con visera y logotipo morados y una camisa azul estampada, de pie frente a un lugar afectado por un desastre. En el fondo desenfocado, un vehículo de construcción amarillo está estacionado cerca de un gran montón de hormigón derrumbado y escombros provenientes de un edificio dañado. La escena está iluminada por una luz diurna intensa, y se aprecian escombros y elementos del entorno alrededor de la zona de recuperación.
Nelson Torrealba dice que no dejará de buscar a su familia

Nelson solo sale del Ritasol Palace para lavarse y cambiarse en casa de sus padres. Siente que lo único que le queda es seguir buscando.

"Es lo mínimo que puedo hacer por ellos, ya que no estuve allí. Siento que debería haber estado allí y mi forma de compensarlos sería darles un entierro digno", dice. "Estoy agotado. Estoy lleno de heridas. Me duelen las manos, los pies, las piernas. Pero... sigo adelante".

Ahora sueña con tener una tumba donde dejar una flor.

Pero, hasta ahora, lo único que ha encontrado es una pequeña foto de su hijo menor, que lleva en el bolsillo mientras remueve los escombros.

Primer plano de una mano abierta que sostiene una pequeña fotografía tipo pasaporte de Matías, quien lleva una camisa verde con cuello. La foto plastificada descansa sobre la palma, dejando ver parcialmente un tatuaje en la muñeca. El fondo aparece suavemente desenfocado, dirigiendo la atención hacia el retrato en miniatura.

Reportería adicional de Euridice Ledezma y Cristobal Vasquez. Imágenes de Street View de Google Earth.