"Pasamos 17 años buscando la verdad": la lucha de 3 hermanos por descubrir quién asesinó a su madre

Tres hombres mirando directamente a la cámara en una terraza en Creta.
Pie de foto, Los tres hijos de Jean Hanlon (desde la izquierda) —Robert, Michael y David Porter— se negaron a aceptar que su muerte fuera un accidente.
    • Autor, Katie Hunter
    • Título del autor, BBC News
    • Informa desde, Creta
  • Fecha de publicación
  • Tiempo de lectura: 8 min

Todo comenzó con una llamada de la Interpol en 2009.

Las autoridades se habían puesto en contacto con los padres de Jean Hanlon para informarles de que su hija, de 53 años, había desaparecido en Creta.

Michael Porter, el hijo menor de Jean, recibió una llamada de su hermano mayor, Robert, para comunicarle la noticia: "Yo pensé: '¿Cómo que ha desaparecido?'".

Las vidas de tres hermanos estaban a punto de cambiar de formas que jamás habrían podido imaginar.

"Automáticamente pensé en lo peor, aunque no sabía exactamente qué era lo peor", comentó Michael.

Jean Hanlon debía cuidar a un niño con dificultades de aprendizaje en Creta y, al no presentarse, saltaron las alarmas.

"Una de las grandes virtudes de nuestra madre era su lealtad. Siempre lo daba todo por los demás y cumplía su palabra", recordó Michael.

Una mujer con el cabello hasta los hombros y gafas de sol colocadas sobre la cabeza sonríe a la cámara.
Pie de foto, A Jean le encantaba el sol y había dado el paso de construir una nueva vida en Creta.

Por aquel entonces, Michael vivía en una ciudad distinta de sus dos hermanos. Los tres tomaron un avión rumbo a Creta.

"No diría que somos personas especialmente sentimentales, pero aquel fue un momento intenso y emotivo en el que no dijimos nada. Solo nos abrazamos y lloramos; fue el viaje en avión más silencioso de la historia, porque ¿qué podíamos decir?".

Les habían informado que en Heraclíón, capital de la isla de Creta, se había recuperado del agua el cuerpo de una mujer de unos treinta años. Su madre rondaba la cincuentena, así que, aunque sentían pesar por otra familia, aún albergaban cierta esperanza.

Aun así, los llevaron a ver si el cuerpo era el de Jean. Michael vio la ropa de su madre amontonada y dijo que era reconocible al instante.

Sus hermanos Robert y David tenían experiencia trabajando en hospitales e intentaron prepararlo para lo que estaba a punto de ver: "Por mucho que apreciara el gesto, si ese cuerpo era el de mi madre, esa iba a ser la última vez que la viera".

Lesiones sospechosas

Nada podría haber preparado a los tres hermanos para lo que vieron: "Era imposible tocarla, abrazarla ni nada por el estilo, y creo que eso fue lo más duro".

Los hermanos sospecharon de inmediato. Había informes de que su madre había sido vista con un hombre en una cafetería cercana de Heraclión la noche en que desapareció, y no creían que las lesiones que presentaba —incluido un golpe en la parte posterior de la cabeza— fueran consecuencia de un accidente.

En un principio, las autoridades griegas dictaminaron que su muerte había sido accidental, pero ellos insistieron en que se revisara de nuevo el informe de la autopsia. El proceso llevó tiempo, pero, al cabo de dos años, reveló lesiones compatibles con un forcejeo.

"Me indigna pensar que, si no hubiéramos seguido insistiendo, nunca nos habríamos enterado de todas esas otras lesiones", comentó Michael.

La lucha de los hermanos por conseguir justicia había comenzado.

Una mujer en una cama de hospital sostiene a un bebé, con otros dos niños pequeños junto a la cama.
Pie de foto, Jean y sus tres hijos, poco después del nacimiento de Michael en Escocia.

Jean había trabajado para el NHS, el servicio de salud pública de Reino Unido, en Escocia, pero sus primeras vacaciones en el extranjero —a Creta, a los 40 años— la convencieron de probar algo diferente.

Trabajó durante un tiempo en el sector turístico antes de mudarse a Grecia, donde trabajó en restaurantes. Era "su lugar": adoraba Creta y a sus habitantes. Algo que hizo que su violenta muerte allí resultara aún más impactante.

"Es deber de los vivos alzar la voz por los muertos", dijo Michael. Es una frase que ha repetido en cientos de entrevistas con los medios desde 2009.

En los años siguientes, las autoridades griegas cerraron y volvieron a abrir el caso en cuatro ocasiones. Dos hombres fueron acusados ​​falsamente de estar implicados en la muerte de Jean Hanlon.

El caso apareció en el programa griego equivalente a "Crimewatch", pero cada vez que la investigación parecía cobrar impulso, chocaba contra un muro.

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En 2019, Michael y Rebecca —la hija de Robert— viajaron de nuevo a Creta para dar visibilidad al caso de Jean y concienciar a la opinión pública. Varios periodistas británicos y griegos cubrieron el viaje, pero no se produjeron avances concluyentes como resultado del mismo.

Michael describió la lucha como interminable: "No se puede describir lo que eso te provoca... mi motivación diaria era pensar en algo nuevo para mantener viva la historia [de su madre], captar la atención de la gente y idear nuevas formas de recaudar fondos".

El punto de inflexión llegó a finales de 2023, cuando los hermanos decidieron contratar a un investigador privado llamado Haris Veramon, quien trabajó junto a su colega Nikos Arkoulis.

Veramon abordó el caso con una perspectiva renovada y centró su atención en el diario de Jean Hanlon. En él, ella mencionaba a un hombre con el que había salido brevemente a principios de 2009, pero con quien había terminado la relación.

Los investigadores afirmaron que el diario de Jean, junto con otras pruebas, les llevó a creer que el sospechoso era un "acosador rechazado" que no aceptaba la ruptura y creía erróneamente que ella mantenía una relación con otro hombre.

Jean Hanlon mira ligeramente fuera de cámara. Tiene el cabello rubio hasta los hombros y se está riendo; se le ven los dientes superiores. Tiene los ojos claros. Solo se le ven los hombros, el cuello y la cabeza.

Fuente de la imagen, Justicia para Jean

Pie de foto, Jean Hanlon se mudó a Creta porque amaba la isla y a su gente.

Veramon habló con testigos y revisó declaraciones antiguas. Una de las cuestiones clave del caso era con quién había estado Jean Hanlon en el Café Marina la noche en que desapareció.

No había grabaciones de cámaras de seguridad ni pruebas de ADN, pero el informe del investigador privado concluyó que ella había salido con el sospechoso.

El informe de Veramon fue suficiente para llevar el caso a juicio.

Diecisiete años después de identificar el cuerpo de su madre, Michael, Robert y David regresaron a Creta para enfrentarse al hombre acusado de asesinarla.

Los tres prestaron declaración al comienzo del juicio. Creían que su madre había roto amistosamente con el sospechoso, pero que él seguía acosándola.

Un testimonio contradictorio

Un momento decisivo se produjo en la segunda jornada del juicio, cuando declaró la hermana del sospechoso.

Ella afirmó que su hermano había sido diagnosticado con problemas de salud mental y que, si no tomaba su medicación, se volvía agresivo.

La tesis de la fiscalía era que él no había estado tomando la medicación durante el tiempo que estuvo con Jean Hanlon.

El testimonio del sospechoso resultó contradictorio. En un momento dado, afirmó que solo habían estado juntos cuatro o cinco días, a pesar de que el diario de Jean sugería que el periodo había sido más largo.

Una mujer con gafas de sol sentada junto a un hombre más joven, que viste pantalones cortos blancos, en un lugar soleado que parece estar en el extranjero.
Pie de foto, Michael recuerda que su madre era feliz en los años previos a su muerte.

Algunas de las pruebas más difíciles de escuchar para Michael, Robert y David fueron las de un patólogo forense.

Dijo en el juicio que la causa más probable de la muerte fue un golpe en la parte posterior de la cabeza y que, en su opinión, Jean Hanlon todavía estaba viva cuando la arrojaron al agua.

Al final, un jurado mixto formado por jueces y miembros del público tardó unas tres horas en condenar por unanimidad al sospechoso del asesinato de Jean Hanlon, aunque el tribunal reconoció que su responsabilidad había disminuido debido a una enfermedad mental.

Michael, Robert y David lloraban, y no era la primera vez que lo hacían durante el juicio. Tras 17 años, por fin se había condenado a un hombre por el asesinato de su madre.

Fue condenado a 10 años de prisión, pero no ingresará en la cárcel hasta que se resuelva su recurso de apelación.

Según la legislación griega, por lo general no se revela la identidad de una persona condenada hasta que concluye el proceso judicial, lo que incluye la fase de apelación.

A la salida del tribunal, los hermanos hablaron con los periodistas.

Michael expresó su alegría y alivio al sentir que su madre por fin era libre: "Todos hemos luchado mucho para llegar a este día".

Sin embargo, a los tres hermanos les preocupaba que el condenado no hubiera sido enviado directamente a prisión: "Es decepcionante que siga libre hasta que se resuelva la apelación. Todo el mundo tiene derechos, pero para nosotros es algo triste y preocupante", añadió Michael.

"Se escuchó la voz de mi madre"

Robert Porter, el hijo mayor de Jean, declaró: "Estoy muy agradecido de que un grupo de desconocidos escuchara la voz de mi madre y tomara la decisión correcta... al final es una victoria, y agradezco que se haya escuchado su voz".

David Porter, el hijo mediano de Jean, comentó: "Me alegra mucho que esto esté llegando a su fin, aunque habría preferido que la persona estuviera en prisión".

Su abogado, Apostolos Xiritakis, quien trabaja con la familia desde 2012, señaló: "Este es el caso en el que más tiempo he trabajado a lo largo de mi carrera. Es una gran victoria porque la familia siente ahora, tras 17 años, que se ha hecho justicia".

"Podríamos decir que existe un sentimiento agridulce: por un lado, se ha logrado una condena, pero el acusado no fue encarcelado al reconocerse que padece una enfermedad mental".

A lo largo de estos 17 años, los hermanos han aprendido a esperar lo inesperado. Han soportado innumerables altibajos y saben que aún queda pendiente un proceso de apelación.

Sin embargo, por ahora, tras años de sufrimiento, por fin sienten que se ha hecho justicia para su madre.

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