Este texto contiene detalles sensibles.
En el hospital conocemos a una familia que tiene una historia de supervivencia milagrosa, pero también de una pérdida insoportable.
Ángel Paredes, de 12 años, fue dado de alta. Está en una silla de ruedas con ambas piernas vendadas, pero las heridas son leves. Pasó casi 36 horas bajo los escombros de su casa antes de ser rescatado.
“Él siguió llamando a los rescatistas; así fue como lo encontraron”, dice su madre, Ruth.
Visiblemente en estado de shock, Ruth nos cuenta que ha perdido a siete miembros de su familia: dos niños pequeños, su esposo, su madre, dos hermanas y una sobrina. Ruth sobrevivió sin heridas porque estaba trabajando.
Sus manos tiemblan mientras nos muestra una foto en su teléfono móvil de su hijo de 3 años, Alexander, sentado sobre los hombros de su esposo, Raymar.
“Mi hijito estuvo vivo por un tiempo. Pero los rescatistas llegaron demasiado tarde. Y no tenían las máquinas necesarias para excavar entre los escombros más rápido. Murió junto a su padre”, lamenta.
Los cuerpos de su madre y de su hija menor, Aime, una niña de 1 año y medio, aún no han sido encontrados.
Los ojos de Ruth se llenan de lágrimas mientras nos muestra videos de Aime.
Mientras lo sacan del hospital en la silla de ruedas, Ángel dice: “Soy muy cercano a mi familia. Amaba mucho a mis hermanitos. Pasé 36 horas junto a sus cuerpos sin vida”. Su voz se quiebra al hablar.
Por ahora se quedarán con amigos. Como miles de venezolanos, no tienen un hogar al cual regresar.